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NOTICIAS BREVES DE ASTRONAUTICA 0358-2009
 


(NC&T)*Después del primer período de sueño, la tripulación del transbordador Discovery dedicaría su siguiente día en el espacio a inspeccionar la nave en busca de posibles daños en su superficie durante el lanzamiento. Para ello emplearon el brazo robótico Canadarm, unido a la pértiga OBSS (Orbiter Boom Sensor System). Gracias a sus sensores y cámaras, el sistema obtuvo información sobre el estado del escudo térmico que los ingenieros analizarán en la Tierra. La inspección duró cinco horas y supuso el examen de los bordes de las alas, el morro y otras zonas sensibles a los impactos.

Paralelamente, los astronautas iniciaron los preparativos para el acoplamiento con la estación y colocaron en posición algunos de los elementos que transferirán al complejo. También comprobaron el estado de los trajes espaciales que se usarán durante las tres salidas extravehiculares previstas para la misión. Entre las preparaciones para la unión del Discovery y la ISS destacó la instalación de una cámara en la zona de acoplamiento, para facilitar este último, la prueba de varios aparatos que se emplearán durante la maniobra, y la extensión del anillo de atraque. Lee Archambault y Antonelli, además, ajustarían la trayectoria de la astronave con los motores OMS. En la estación, Fincke, Lonchakov y Magnus prepararon los equipos fotográficos que utilizarían para documentar la llegada del Discovery. Como es habitual, el transbordador daría una vuelta sobre sí mismo frente al complejo, para que los astronautas de este último fotografiasen su escudo térmico inferior. Fincke y sus compañeros recibieron noticias además de una posible maniobra de cambio de órbita para evadir el peligro de un paso cercano de un fragmento de chatarra espacial, pero finalmente no fue necesario llevarla a cabo. El día del acoplamiento del transbordador Discovery con la estación espacial internacional, el 17 de marzo, se inició con la aproximación final desde 300 metros de distancia, guiada por los ajustes de trayectoria ordenados por el comandante Lee Archambault. El vehículo detuvo su acercamiento a unos 200 metros del complejo orbital, posición que mantuvo durante unos minutos, mientras daba una vuelta sobre sí mismo y mostraba a los tripulantes de la estación una visión clara de todas sus zonas de protección térmica. Mike Fincke y Sandy Magnus se encargaron de fotografiar dichas superficies mediante potentes sistemas ópticos, de manera que los analistas pudieran revisar el material y determinar si el transbordador, y en particular su escudo térmico, habían sufrido algún daño durante el lanzamiento. Una vez completada esta tarea, el Discovery retomó el encuentro, que culminó a las 21:20 UTC con el acoplamiento junto al puerto de atraque del Nodo-2 Destiny. Confirmada la unión perfecta entre ambos vehículos, los astronautas del transbordador y de la estación abrieron las respectivas escotillas, a las 23:09 UTC, y se encontraron por primera vez a bordo de esta última. Tras los saludos y parlamentos de rigor, se llevó a cabo la primera tarea conjunta, que implicó el relevo oficial entre Magnus y Koichi Wakata. Se instaló en la cápsula Soyuz el asiento personalizado del japonés, lo que lo convirtió en miembro de la actual expedición de larga duración (número 18). Wakata actuará como ingeniero de vuelo, mientras que Magnus pasó a ser especialista de misión en el Discovery. Durante las siguientes horas, se iniciaría la transferencia de suministros entre una nave y la otra, así como los primeros preparativos para instalar el grupo de paneles solares S6, transportados en la bodega de la lanzadera. Ello implicaría inicialmente la extracción de la estructura mediante el brazo robótico Canadarm-2 del Discovery, y su entrega al brazo de la estación, el Canadarm-2, que la mantendría en dicha posición hasta su instalación el jueves. La primera etapa del proceso de instalación del segmento S6 se llevó a cabo según lo previsto. Llegados al final de un intenso día de trabajo (17 de marzo), John Phillips y Sandra Magnus ordenaron al brazo robótico de la estación, el Canadarm-2, que se extendiera hasta la bodega del Discovery y agarrara el grupo de paneles solares S6, elevándolo un poco. Después, Tony Antonelli, operando el brazo del transbordador, el Canadarm-1, lo situó de manera que pudiera hacerse cargo de la estructura. Este brazo no habría podido efectuar la tarea de extracción por sí solo debido a interferencias físicas que lo habrían impedido. Con el S6 bien sujeto por el Canadarm-1, Phillips y Magnus volvieron a mover a su hermano de la estación, esta vez desplazándolo sobre los raíles de la plataforma móvil que se mueve a lo largo de la extensa estructura que soporta los paneles solares. Situado en el punto correcto, el Canadarm-2 volvió a agarrar el S6, colocándolo en una posición de equilibrio térmico, a la espera de que fuera definitivamente instalado al día siguiente. El paseo espacial para ello, que debería durar unas 6 horas y media, lo tendrían que realizar Steven Swanson y Richard Arnold, así que ambos pasarían la noche en el interior del módulo Quest, a presión inferior a la normal, para purgar de nitrógeno su sangre. Su labor sería supervisar la colocación del S6 en su posición definitiva, y conectar los cables y conductos entre él y el resto de la estación. En la Tierra, la NASA anunció que la revisión de las imágenes había demostrado el buen estado general del escudo térmico del Discovery, por lo que no sería necesario efectuar una nueva inspección sobre áreas concretas, tiempo reservado de antemano durante la misión. Por tanto, la agencia decidió adelantar al viernes la apertura de los nuevos paneles solares, inicialmente prevista para el domingo (ello suponiendo que su instalación no encontrara ningún problema). Mientas tanto, Koichi Wakata, el nuevo miembro de la expedición de larga duración, continuaba su periodo de aclimatación al complejo, recibiendo las explicaciones de sus compañeros y adoptando poco a poco sus responsabilidades a bordo. Wakata volverá en la misión STS-127, en verano, la misma que llevará hasta la estación las últimas piezas del laboratorio japonés Kibo. Su presencia ayudará a su instalación. Por su parte, Magnus tomó algunas muestras del suministrador de agua potable del complejo orbital, para su análisis en la Tierra. Pruebas anteriores habían sugerido la presencia en él de un mayor número de bacterias de lo permitido, de modo que el Discovery trajo un aditivo químico para solucionar el problema. Una vez inyectado el biocida, las muestras certificarán que el problema se ha resuelto. Por último, parte de la tripulación participó en una conferencia de prensa televisada con medios de la Tierra. Las actividades del 19 de marzo quedaron dominadas por el primer paseo espacial de la misión. Steve Swanson y Ricky Arnold se colocaron sus trajes espaciales y salieron al exterior abriendo la escotilla del módulo Quest, hacia las 17:15 UTC. Su tarea principal consistiría en supervisar la unión del segmento S6 al S5, y llevar a cabo las conexiones entre ambos. Desplazada hasta su posición definitiva mediante el Canadarm-2, éste controlado por John Phillips y Koichi Wakata, la estructura quedó colocada en su lugar a las 18:17 UTC. Inmediatamente después, Swanson y Arnold se acercaron a ella e iniciaron el proceso de asegurarla, primero atornillándola (19:06 UTC), y después conectando los cables de energía y datos que el viernes permitirían ordenar la apertura de sus paneles y el inicio de la generación eléctrica y su transmisión a los sistemas del complejo. Completado su trabajo, que costó algo más de lo previsto, e incluyó el lanzamiento al espacio de cuatro cubiertas térmicas de medio metro de diámetro y la liberación de varios anclajes, los dos astronautas regresaron al módulo Quest, cerrando su escotilla a las 23:20 UTC y represurizándolo un momento después. El paseo espacial, el número 121 de la historia de la ISS, duró 6 horas y 7 minutos. Con él, todo quedó listo para la apertura automática de los paneles solares el 20 de marzo. En el interior del Discovery, mientras tanto, Phillips y Antonelli lograron reparar la bicicleta ergonómica para ejercicios que había permanecido sin uso debido a un problema técnico. Con la exitosa apertura de los nuevos paneles solares, ocurrida el 20 de marzo, la estación espacial internacional ha conseguido por fin toda la capacidad de generación eléctrica necesaria para el futuro. El sistema completo, compuesto por 33.000 células fotovoltaicas por “ala”, produce 120 kW, de los cuales 30 estarán dedicados a operaciones científicas, el doble que hasta ahora. Los paneles solares, inicialmente plegados para el lanzamiento, se abrieron de forma automática. Primero se separaron unos anclajes, y después se inició la extensión, en dos fases. Cada uno de los dos paneles fue desenrollándose durante aproximadamente una hora, con gran precaución para evitar que se dañaran. La operación fue supervisada visualmente por los astronautas, que usaron ventanas y cámaras para asegurarse de que ninguno de los segmentos quedaba pegado con otro. Este problema, que ha ocurrido en el pasado, puede evitarse con un lento despliegue y un calentamiento apropiado de las estructuras. Después de la exitosa apertura completa de los paneles, la tripulación inició otras tareas, como la reparación del equipo de reciclaje de orina. Mike Fincke y Sandy Magnus reemplazarían una unidad estropeada, la cual sería retornada a la Tierra para analizar su estado. Por su parte, Steve Swanson y Joseph Acaba prepararon el módulo Quest, donde pasarían sus próximas horas de sueño, anticipándose al paseo espacial que deberían realizar al día siguiente. En efecto, los dos astronautas abrieron la escotilla exterior a las 16:50 UTC del 21 de marzo, y se dirigieron inmediatamente a realizar sus tareas previstas. Así, prepararon una plataforma en la que se colocarán nuevas baterías (misión STS-127), instalaron una antena GPS en el módulo logístico presurizado japonés Kibo (se utilizará para la aproximación en septiembre de la nave de carga HTV) y fotografiaron los radiadores de la estación, alguno de los cuales se halla dañado. Sin embargo, Swanson y Acaba tuvieron problemas con el despliegue de la plataforma UCCAS-1, en el segmento P3, y tuvieron que posponer el trabajo. Los ingenieros en la Tierra tendrían que estudiar lo ocurrido y realizar los cambios oportunos en la salida extravehicular que tendría que hacerse el lunes. Por fin, Swanson y Acaba regresaron al interior del módulo Quest (23:21 UTC), completando su excursión de 6 horas y media. Mientras tanto, dentro del complejo, Fincke y Magnus activaron la nueva pieza del procesador de orina, y observaron su funcionamiento, aparentemente con menos ruido que la anterior. El domingo, Fincke pasó muchas horas con la unidad, debido a la aparición de nuevos problemas. Al principio, el sistema mostró un caudal inferior al esperado, al intentar llenar un depósito. Tras un intercambio de depósitos, acabó llenándose. También se efectuó un ensayo “en seco”, durante el cual un micrófono registraría los sonidos, para compararlos con los de la unidad anterior. La NASA dio por fin luz verde a Fincke para una prueba “en mojado”, que duraría unas cinco horas. Paralelamente, Joe Acaba y Ricky Arnold prepararon las herramientas que ambos utilizarían durante la tercera salida extravehicular del lunes, y se encerraron en el módulo Quest para pasar la noche en él. También prosiguieron las tareas de transferencia de suministros desde el Discovery a la estación, y se atendió a la prensa televisiva. El transbordador tuvo que ser utilizado brevemente para modificar la altitud del complejo orbital cuando la NASA informó de la posibilidad de un encuentro con un fragmento de chatarra orbital. La maniobra no implicaría un uso continuado de sus motores, sino que éstos simplemente provocaron un giro de 180 grados en todo el conjunto, colocando al Discovery delante de la estación, según la dirección de marcha. En dicha posición, el rozamiento natural frenaría la velocidad en unos 30 cm/s, lo cual llevaría unas 3 horas, y provocaría un cambio de altitud suficiente para evitar el peligroso encuentro. El resto orbital medía sólo 4 pulgadas y pertenecía a una etapa superior de un cohete chino. Si no se hubiera hecho nada, el objeto habría pasado cerca de la estación durante el tercer paseo espacial. Más información en:

    http://www.nasa.gov/mission_pages/shuttle/main/index.html
    http://www.nasa.gov/mission_pages/station/main/index.html

        *Las últimas piezas de la misión Ares-I-X han llegado a Florida. Un tren trajo al centro espacial Kennedy los cuatro segmentos que servirán para propulsar el cohete, durante su vuelo de ensayo este próximo verano. El resto de piezas, como la maqueta de la etapa superior, el quinto segmento simulado, la cápsula Orion y la torre de emergencia, se hallan ya en la zona de preparación desde hace semanas. La misión permitirá obtener información crucial sobre el control del vehículo durante su trayectoria suborbital, gracias a los sensores instalados, y ayudará a certificar que la estructura y la aerodinámica son seguras para el uso tripulado del cohete. Los segmentos de propulsión que se usarán proceden del inventario de la lanzadera espacial (los SRB o aceleradores laterales). El montaje se iniciará en abril. Más información en:

    http://blogs.nasa.gov/cm/blog/Ares I-X
    http://www.nasa.gov/ares

        *La Universidad de Alcalá de Henares anuncia la publicación de una obra que encajará muy bien en este año tan especial, el dedicado a la Astronomía. Aparecido en su serie de Monografías Ciencia, se trata de un libro cuyo título resume perfectamente sus contenidos: “Una Historia Breve de la Astronomía”. Escrito por José Medina, profesor de la citada universidad, y uno de los máximos expertos en España sobre rayos cósmicos, pretende ofrecer una visión amable y amena de los acontecimientos que a lo largo de los siglos y hasta la actualidad han permitido que la Humanidad conozca mejor el Universo y el entorno cósmico en el que vive. Medina nos proporciona un relato que se inicia en la prehistoria, y que sigue por los grandes avances realizados en Grecia, Egipto y China, llegando hasta los famosos teóricos que revolucionaron esta ciencia (Copérnico, Kepler, Galileo, Newton y tantos otros), y después hasta la época moderna de los descubrimientos, gracias a la creciente sofisticación de los instrumentos de observación. El autor nos explica con gran claridad las sucesivas teorías astronómicas a lo largo de los siglos, los esfuerzos técnicos por demostrarlas y la llegada de la tecnología espacial, que ha revolucionado nuestro conocimiento astronómico, por ejemplo, ofreciendo acceso a frecuencias del espectro distintas a las del visible. Después, Medina nos resume lo que sabemos sobre los cuerpos del sistema solar, cuyo estudio se ha visto potenciado por la disponibilidad de las sondas interplanetarias. Por último, se reserva un capítulo para los rayos cósmicos, su gran especialidad, como una herramienta para saber lo que está pasando ahí fuera. El libro se cierra con varios anexos: uno dedicado a aportar algunos datos biográficos de los personajes capitales de la historia de la astronomía; una cronología, que incluye todos los hechos relevantes de la historia relacionados con el descubrimiento astronómico; y un glosario que aclara la terminología técnica frecuentemente mencionada en la obra. La monografía está dirigida a cualquier persona interesada en la astronomía y no precisa de conocimientos especiales teóricos. Está especialmente recomendada para estudiantes y aficionados que quieran tener una visión global concisa de este apasionante campo del saber humano. (ISBN: 978-84-8138-800-8, 275 páginas, ilustrado con dibujos y fotografías en B/N). Más información en:

    http://www.uah.es

        * El lanzamiento del satélite científico GOCE, de la Agencia Espacial Europea, se suspendió a los 7 segundos del despegue el 16 de marzo debido a un fallo en las puertas que al abrirse permiten a la torre de servicio desplazarse para dejar paso al cohete. Solucionado el problema, la dirección del programa reprogramó la misión para el 17 de marzo. Exactamente 24 horas después del anterior intento, el cohete ruso Rockot y su valiosa carga partieron hacia la órbita, en una misión que promete revolucionar nuestro conocimiento sobre el campo gravitatorio terrestre. El despegue se produjo a las 14:21 UTC del 17 de marzo, desde el cosmódromo de Plesetsk. Una órbita después, y tras un segundo encendido de la etapa superior Breeze, el satélite era liberado en la trayectoria esperada, 90 minutos después del lanzamiento. El GOCE (Gravity field and steady-state Ocean Circulation Explorer), un vehículo con aspecto de flecha, distinto a lo que es habitual ya que su trayectoria final (268 km de altitud) se encontrará muy cerca de la zona más enrarecida de la atmósfera y deberá ser lo más aerodinámico posible, está recubierto por células solares, sin paneles solares desplegables. Su coste ha sido de 450 millones de dólares. Tenía que haberse lanzado en septiembre pasado, pero una anomalía en el sistema de guiado de la etapa Breeze-KM recomendó posponer el intento. El Rockot, su cohete, es una adaptación espacial de un viejo misil SS-19. Su potencia ha sido suficiente para colocar a su carga en una órbita polar heliosincrónica preliminar algo más alta, donde pasará unos días mientras se revisan sus sistemas y se calibran sus instrumentos. Después, utilizará su propio motor para reducir la altitud hasta la órbita de trabajo, lo más cerca posible de la Tierra. El GOCE pesa 1 tonelada de peso y es bastante compacto. Su instrumento principal es un gradiómetro que es capaz de medir las variaciones del campo gravitatorio en tres dimensiones y con una sensibilidad sin precedentes. Ello permitirá levantar un mapa del geoide (la superficie de referencia de nuestro planeta), así como de sus anomalías gravitatorias. Esto ayudará a los científicos a conocer mejor su estructura interna (algo conectado a terremotos y volcanes), y a realizar estudios del clima y de la circulación oceánica más avanzados, incluyendo las variaciones del nivel del mar. La misión ha tenido a Thales Alenia Space como contratista principal, encabezando un consorcio de 45 compañías europeas. Su diseño ha sido todo un reto, ya que para ganar sensibilidad se ha tenido que reducir la altitud de la órbita, evitando en lo posible las perturbaciones que causarán las moléculas de aire aún presentes. Esto se ha logrado con el ya mencionado diseño en forma de flecha y una estructura estilizada de 5 metros de largo. Motores iónicos de acción suave se ocuparán de compensar las perturbaciones atmosféricas. GOCE es el primer integrante de la serie Earth Explorer de la ESA. Muy pronto lo seguirán la misión SMOS (en verano) y el Cryosat-2 (finales de otoño). Más información en:

    http://www.esa.int/SPECIALS/GOCE/index.html


Publicada el 26 de Mar de 2009 - 12:29 PM   

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