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Uno de los beneficios que tiene cooperar para el cooperante
 
 


Una de las cuestiones más desconcertantes a las que se enfrenta la teoría de la evolución es cómo surgió la conducta cooperativa que beneficia a otros miembros de una especie mientras el individuo que la ejerce paga un precio por la misma.


(NC&T) La conducta cooperativa ha sido un enigma para los biólogos, pues si sólo los más sanos sobreviven, los genes que lleven a un comportamiento que beneficie a otros miembros de una población no deberían prolongarse en el tiempo, y de ser así, la conducta cooperativa debería desaparecer.

    Jeff Gore, del departamento de física del MIT y su equipo, han utilizado la teoría de juegos para desvelar en la levadura una solución a este enigma. Los descubrimientos del equipo al respecto de esto indican que si un cooperante puede beneficiarse de su acción, aunque sea mínimamente, puede sobrevivir aún cuando esté rodeado por individuos que no cooperan.

    En resumen, el estudio ofrece un ejemplo concreto sobre cómo el comportamiento cooperativo puede ser compatible con la teoría de la evolución.

    La levadura podría parecer un organismo inapropiado para el estudio de la conducta cooperativa, pero de hecho, se ajusta perfectamente a ese propósito.

    A diferencia de los humanos, la levadura no tiene pensamientos ni emociones que interfieran en la toma racional de decisiones. Sus acciones están guiadas tan sólo por la respuesta genética ante el entorno.

    Se puede aplicar la teoría de juegos a las interacciones biológicas, y en algunos aspectos, puede incluso emplearse más extensamente que en los humanos.

    La teoría de juegos, tradicionalmente utilizada por los economistas y los estrategas militares, emplea las matemáticas para predecir la conducta individual ante ciertas situaciones.

    En un trabajo conjunto con Alexander van Oudenaarden, Gore desarrolló un sistema experimental basado en el metabolismo de la sacarosa poseído por la levadura.

    La sacarosa no es la fuente favorita de alimentación de la levadura, pero la metaboliza si no hay glucosa disponible. Para lograrlo, debe secretar una enzima llamada invertasa, que descompone la sacarosa en azúcares más simples que la levadura puede absorber.

    La mayor parte de esos azúcares se dispersan y quedan disponibles para otros congéneres presentes en el entorno. En esta situación, los individuos que segregan la invertasa son conocidos como cooperantes, mientras que los que no segregan invertasa y sólo consumen los azúcares simples producidos por sus compañeros son llamados tramposos.

    Si todos estos azúcares simples se esparcieran sin permitir un acceso preferencial a los mismos para los individuos productores, entonces, siempre sería mejor ser un tramposo y los cooperantes desaparecerían.

    Los investigadores observaron que las levaduras cooperantes tienen un acceso preferencial a un 1 por ciento aproximadamente de la sacarosa que producen. Ese beneficio supera el costo de ayudar a otros y les permite competir exitosamente contra los tramposos.

    Además, no importa el número inicial de levaduras en una población dada, los microorganismos siempre logran alcanzar un estado de equilibrio, tanto respecto a los individuos cooperantes como a los tramposos.


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Publicada el 12 de May de 2009 - 11:44 AM   

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