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Bacterias amantes del calor halladas en el Ártico
 
 


Unos científicos del Instituto Max Planck para la Microbiología Marina han detectado, en sedimentos congelados frente a las costas de la isla de Spitsbergen, grandes cantidades de bacterias termofílicas (amantes del calor) que están adaptadas para vivir en hábitats mucho más cálidos.


(NC&T) Estas bacterias termófilas existen en el Ártico como esporas, es decir formas "durmientes" capaces de soportar condiciones adversas durante largos períodos, a la espera de que lleguen tiempos mejores y puedan "resucitar". Sometidas en el laboratorio a incubaciones con temperaturas de entre 40 y 60 grados Celsius, estas singulares esporas del Ártico reviven. Se cree que las esporas fueron transportadas desde puntos cálidos distantes. El descubrimiento podría aclarar una de las hipótesis más importantes de la microbiología, la de que, por decirlo así, todo está en todas partes pero es el entorno quien selecciona.

    El autor principal del estudio es Casey Hubert.

    El hallazgo presenta una oportunidad única de estudiar microbios extraviados de forma cuantitativa. Utilizando mediciones del índice metabólico, los investigadores estimaron que un sólo gramo de sedimento ártico contiene hasta 100.000 esporas termófilas. Esta abundancia en combinación con su ubicación inusual es lo que resulta tan asombroso. No es tanto el hallazgo de microorganismos termófilos en el Ártico, sino su gran número y el elevado ritmo con que las bacterias de esta clase siguen siendo depositadas aquí. Midiendo la tasa de acumulación de sedimentos, el equipo de investigación ha calculado que 100 millones de microorganismos termófilos son depositados anualmente en cada metro cuadrado del lecho marino.

    Ante esto, la pregunta es obvia: ¿De dónde están viniendo esas bacterias termófilas del Ártico?

    Aunque los investigadores no tienen una respuesta clara para ello, sí han estrechado el cerco alrededor de las explicaciones más probables. El flujo grande y constante de bacterias anaerobias indica que provienen de una enorme fuente anóxica (libre de oxígeno). También deben existir rutas de transporte que conecten esos puntos calientes con la fría región marítima.

    Los investigadores especulan con que un elemento clave de ese transporte sea la circulación de fluidos a través de ciertas cordilleras submarinas donde tienen lugar procesos de formación de corteza oceánica y donde existen fumarolas negras y otros puntos de emisión hidrotérmica, ya que las bacterias de estos sistemas son genéticamente similares a las termófilas del Ártico.

    Las termófilas árticas también podrían provenir de yacimientos submarinos de petróleo a temperaturas altas, con escapes líquidos y gaseosos. Las similitudes genéticas con bacterias de los cálidos yacimientos petrolíferos del Mar del Norte son notables.

-ENLACES A INFORMACION SUPLEMENTARIA EN INTERNET:
Max-Planck-Gesellschaft, München


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Publicada el 05 de Nov de 2009 - 11:17 AM   

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